Fecha de Publicacion: noviembre 3, 2023
Desde los albores del siglo XX, la comunidad científica se ha sentido intrigada por la conexión entre el ejercicio y la inflamación. Este enigma comenzó a desvelarse cuando se descubrió que los corredores de la maratón de Boston, en Estados Unidos, mostraban un aumento de glóbulos blancos en la sangre al concluir la carrera. Años después, un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de Harvard, en Massachusetts, ha logrado arrojar luz sobre esta enigmática relación. Su estudio, publicado en Science Immunology, no solo ofrece una explicación molecular a esta observación centenaria, sino que también redefine nuestra comprensión de cómo el ejercicio impacta en la salud.
La investigación, que se llevó a cabo en ratones, revela que los efectos beneficiosos del ejercicio son, en parte, el resultado de la acción del sistema inmunitario. La inflamación muscular que surge como respuesta al esfuerzo físico moviliza células T antiinflamatorias, conocidas como Tregs. Estas células desempeñan un papel crucial al aumentar la capacidad de los músculos para utilizar la energía como combustible, lo que se traduce en una mejora general de la resistencia al ejercicio.
La Dra. Diane Mathis, catedrática de Inmunología en el Instituto Blavatnik de Harvard y líder de la investigación, destaca la relevancia de las células T en la salud de los tejidos, no solo en cuanto a la protección contra patógenos y el control del cáncer, sino también en su influencia interna en los músculos durante la actividad física.
Aunque es bien conocido que el ejercicio protege contra enfermedades cardiovasculares, reduce el riesgo de diabetes y actúa como un escudo contra la demencia, durante mucho tiempo, ha sido un misterio cómo se logran estos beneficios a nivel molecular.
El primer autor del estudio, Kent Langston, un investigador postdoctoral del laboratorio de Mathis, enfatiza que, aunque se sabía que el ejercicio provoca inflamación, aún se desconocían los procesos inmunitarios involucrados.
El ejercicio, al someter los músculos a un esfuerzo físico, provoca daños temporales en el tejido muscular, lo que desencadena una cascada de respuestas inflamatorias. El equipo de investigación analizó de cerca estos procesos para arrojar luz sobre el misterio.
Los investigadores observaron los efectos en las células musculares de ratones que habían corrido en una cinta, las cuales mostraron signos típicos de inflamación, como una mayor actividad en los genes que regulan diversos procesos metabólicos y niveles elevados de sustancias químicas promotoras de la inflamación, incluyendo el interferón.
Tanto si los ratones habían corrido en la cinta en una sola ocasión como si lo habían hecho de forma regular, presentaron niveles más altos de células Tregs en sus músculos, las cuales tienen un efecto reductor de la inflamación inducida por el ejercicio. Sin embargo, los beneficios metabólicos y de rendimiento del ejercicio solo se manifestaron en los ratones que realizaban ejercicio de manera regular.
En este grupo, las Tregs no solo contrarrestaron la inflamación y el daño muscular provocado por el ejercicio, sino que también influenciaron positivamente el metabolismo y el rendimiento muscular, como se demostró en experimentos posteriores.
Estos hallazgos concuerdan con observaciones en humanos, que indican que una sola sesión de ejercicio no conduce a mejoras significativas en el rendimiento, y que es necesario mantener una actividad física regular para cosechar los beneficios deseados.
Además, se descubrió que los ratones que carecían de Tregs no se adaptaban con el tiempo a las demandas del ejercicio de la misma manera que lo hacían los ratones con Tregs intactas, lo que resultaba en una falta de beneficios para todo el cuerpo y una disminución de la capacidad aeróbica.
Un factor identificado como perjudicial en los músculos de los ratones que carecían de Tregs fue el interferón, un conocido factor inflamatorio que afecta a las fibras musculares y limita la producción de energía. Sin embargo, al bloquear el interferón, se logró mejorar la capacidad aeróbica de los ratones que no tenían Tregs.
En resumen, este estudio no solo proporciona una comprensión detallada de los cambios celulares y moleculares que se producen durante el ejercicio, sino que también recalca la importancia de la actividad física regular para obtener beneficios sostenidos. Sugiere que el ejercicio puede ser un estímulo natural para que el sistema inmunitario responda y reduzca la inflamación en el organismo. Aunque el estudio se realizó en ratones, sus implicaciones para la salud humana son notables, ya que podría abrir nuevas perspectivas sobre cómo aprovechar el sistema inmunitario para mejorar la salud a través del ejercicio.